Imágen: Sueño de la Malinche- Antonio Ruiz

Ella, “La Lengua de Cortés”, mujer elocuente y diplomática
Popularmente conocida como “La Malinche”, aquella que la historia ha marcado como la traidora a su pueblo, a los suyos y que de una manera activa participó durante la conquista de México. Sobre ella presento este post el día de hoy, sobre esa mujer que logra inmortalizarse como sinónimo de traición y repudio dándole paso al término “malinchista” para referirse a las personas que tienen la incapacidad de valorar lo propio y preferir sobre ello lo extranjero.
Para hablar de esta mujer hay primero hay que entender
su vida...
Su nombre: “Malinalli Tenepatl” o “Malitzín”, mujer nacida en un pequeño poblado de nombre painalla (se cree en la región del hoy Coatzacoalcos) según Bernal Díaz del Castillo, Cronista de Indias que acompañó a Hernán Cortés durante la Conquista de México.
Según algunos registros, Malinalli fue hija heredera de un noble cacique Náhuatl quien al morir y contraer su madre nuevas nupcias con otro cacique, favorece al hijo nacido de ésta última relación el poder que originalmente le pertenecía a Malinalli. Creo que este dato histórico habría que investigarlo a mayor conciencia pero, de ser así, desde este punto comienzan entonces las injusticias que paulatinamente le marcan la vida.
Lo cierto es que después de una guerra entre los mayas y los aztecas, Malinalli es concedida como parte de tributo a los mayas de la región de Xicalango -curiosamente del área donde vivo- y se cree que más tarde es intercambiada y se convierte de esta forma en propiedad del cacicazgo de Tabasco.
Muchos historiadores coinciden en que todos estos acontecimientos ocurrieron a su temprana edad, motivo por el cual Malitzín retiene el conocimiento de su lengua natal náhuatl y aprende con facilidad el maya.
Un 15 de Marzo de 1519, después de enfrentar y ganar la batalla de Centla, el conquistador español Hernán Cortés recibe una comitiva del señor Potochtlán quien le envía una serie de obsequios entre los cuales se encontraban 20 esclavas quienes inmediatamente fueron bautizadas y repartidas entre sus capitanes para alimentarles y servirles de “camaradas o concubinas”. Según relato, Alonso Hernandez Portocarrero es a quien se le asigna la compañía de Marina, nuevo nombre otorgado mediante el bautizo.
Otro personaje notable entra en esta parte de la historia, Fray Gerónimo de Aguilar, náufrago de una de las primeras expediciones españolas quien es capturado y hecho esclavo junto con Gonzalo Guerrero-otra historia apasionante- por el cacique de Xamanhá y quien finalmente es rescatado por Hernán Cortés. En este tiempo de convivencia con los mayas, Gerónimo de Aguilar aprende la lengua maya, siendo así de gran utilidad en la expedición encabezada por Hernán Cortés quien para entonces se dirigía rumbo a la conquista de Tenochtitlán, gran urbe del poderío azteca.
Se cuenta que un día se le ve a Marina platicando animadamente con una mujer aborigen mexica. Los soldados al percatarse de esto la llevan frente a Cortés quien finalmente constata bajo el apoyo y conocimiento de Gerónimo de Aguilar que Marina un dominio fluido de las lenguas náhuatl y maya. Al inicio, ella interpretaba del náhuatl al maya para Aguilar y éste a su vez del maya al castellano. Así es como ella se gana la confianza y se convierte en la intérprete, asistente y compañera de Hernán Cortés, y ya en convivencia con los españoles amplía sus conocimientos lingüísticos logrando dominar el castellano.
Las crónicas de Bernal Díaz del Castillo y una carta escrita por Fray Bartolomé de la Casas y las crónicas indígenas señalan a Doña Marina como la única intérprete presente en las negociaciones entre los conquistadores y los gobernantes mesoamericanos.
Su pueblo la repudia…
Era obvio que, aquellos quienes no conocían las razones que orillaron a Marina a ser parte del grupo de los invasores la repudiaran tanto. Es tan evidente este hecho que, los mismísimos aztecas se referían a Hernán Cortés como "Malinche", nombre que proviene de ella quien para entonces era conocida como “Doña Marina” por los españoles y “Malitzín” por los nativos. El sufijo “tzin” en lengua náhuatl indica jerarquía y nobleza. En este punto, hay que recordar que ella no escogió pertenecer a ese bando, ella fue una esclava y fue ofrecida.
Además, durante el proceso de conquista, no solamente funge como intérprete sino que también asesora al español referente a las costumbres, usanzas y modo de pensar de los pueblos mesoamericanos. Muchos ignoran que ella favorecía ampliamente las negociaciones en vez del derramamiento de sangre. Con ello, salvó la vida de miles de nativos gracias a su inteligencia y habilidad de comunicación. Era pieza clave al dominar tres idiomas y tener información confidencial de los conquistadores y poseer conocimiento sobre las reglas de intercambios y costumbres de las urbes mesoamericanas. El punto culminante fue su participación cara a cara entre Hernán Cortés y el Emperador Moctezuma.
Ella no tenía opción ni patria que salvar. Obvio es que Hernán Cortés aprovechara la división que existía entre los diferentes pueblos. Completamente fiel a Hernán Cortés -a pesar de haber tenido oportunidades atractivas para traicionarlo-, con quien tiene un hijo Don Martín Cortés considerado como el primer mestizo y razón por la cual los románticos la consideran también como “Madre de México”.
Al final de la conquista Hernán Cortés quien ya tenía esposa, le demuestra su respeto casándola con el Teniente de Castilla Don Juan Jaramillo, con quien tiene una hija llamada Doña María. Según algunos documentos, Doña Marina muere hacia 1529.